Cae la noche sobre Downton Abbey. Unas piernas ansiosas recorren estos pasadizos que tantas veces hemos visto llenos de la frenética vida que se vive en los pisos de abajo de la mansión. Las piernas se alejan a toda prisa, mientras observamos, por primera vez en nueve meses, el maravilloso paisaje británico en el que transcurre nuestra historia.
Así, con la misma elegancia de siempre, Downton Abbey regresa a nuestras vidas. Ya teníamos ganas...
Han pasado seis meses desde la triste muerte de Matthew, y nos encontramos con nuestros queridos personajes recuperándose de la impactante noticia y ya plenamente metidos en los queaceres de la vida diaria. Downton amanece estupefacta por la noticia de la marcha nocturna de O'Brien (en downstairs hay bastante alivio, aunque nosotros la echaremos mucho de menos) y arriba nos encontramos con una familia adaptada a la nueva realidad.
Todos, excepto la pobre Lady Mary e Isobel (madre de Matthew) que, como era de esperar, siguen llorando su pérdida.
Mary se ha encerrado en sí misma, recuperando esa chica arisca y
distante que era antes de conocer al que fuera el amor de su vida. Ella
misma reconoce en un momento del capítulo, que teme que aquella Mary
dulce que Matthew veía en ella nunca más vaya a regresar. Ni siquiera
hace demasiado caso al pequeño George, ese hijo que tanto deseó y que
con tanto amor presentó a Matthew momentos antes de morir. El pequeño
heredero está a cargo de una nanny, de la que más tarde hablaremos, y
apenas ve a su madre unos minutos al día.
En torno al bebé hay pesar, pena por la separación forzosa a la que su madre le ha sometido ("pobre huerfanito", le susurra ella en un momento de lo más emotivo), pero también hay intereses económicos. Lord Grantham considera que él es el más indicado para velar por el patrimonio del pequeño heredero, dado el estado mental de Mary, y apesar de que ni Branson ni su propia mujer lo apoyan, está empeñado en recuperar el control que había perdido un tiempo atrás, cuando Matthew apareció en sus vidas.
Claramente, mis dos escenas favoritas del capítulo son las de los momentos relativos a las conversaciones que mantiene Mary con dos de los personajes más queridos de la serie. La Condesa le habla de elegir la vida en lugar de la muerte, y Carson le sirve de consuelo, le permite, por fin, derrumbarse, llorar por la muerte de su amado, y darse cuenta de que bajo toda esa capa de sufrimiento la antigua Mary, la valiente y independiente Mary, pugna por volver a la superficie.
Parece que ella será la que recoja el testigo de su difunto marido, y la que, junto a Tom Branson, convertirá Downton Abbey en lo que Matthew soñó.
Por su parte, a lady Edith la vida le sonríe. Su vida amorosa, por lo menos, ya que en casa las cosas siguen más o menos como siempre (nadie la toma en serio) y Mary está más irritable con ella que nunca. Las dos hermanas están muy lejos la una de la otra. Seguramente Sibbyl habría sido de gran ayuda para su hermana mayor, pero Edith y Mary nunca se llevaron bien, y la tragedia las ha separado aún más.
Sin embargo, ya hemos dicho que Edith se siente feliz. Ha encontrado (por fin) lo que parece ser el verdadero amor. Y digo parece, porque todos sabemos la mala suerte que tiene esta chica con los asuntos del corazón. Tengo que admitir que me gusta ésta nueva Edith, segura de sí misma, seductora y atrevida, que no duda en besar a su amante en público, después de que él le asegure que está dispuesto a convertirse en ciudadano alemán para poder conseguir el divorcio y casarse con ella. ¡Ahí es nada! Ya veremos como evoluciona esta trama, Edith se merece ser feliz, aunque algo me dice que no va a ser tan fácil.
En lo que refiere a los sirvientes, lo cierto es que la trama no ha avanzado demasiado.
Con la marcha repentina de O'Brien, nos quedamos sin el rol de personaje malvado femenino, y para cubrir el hueco tenemos que celebrar la vuelta de la sivilina Edna, esa criada que en su vida anterior como sirvienta en Downton coqueteó con el mismísimo Branson y fue inmediatamente despedida. Por ahora, regresa como doncella de Cora, y promete grandes momentos.
Por su lado Thomas sigue con su actitud manipuladora, aunque me alegro mucho de ver que explotan también la parte más cómica de su personaje. En éste episodio hemos visto como intentaba quitarse de en medio a la nanny (que a su parecer tenía demasiados aires de grandeza) lanzando mentiras sobre ella, que al final resultaron ser ciertas, y que acaban provocando que Cora la despida con efectos inmediatos.
Si Carson ha servido de catalizador para lady Mary, la señora Hudges lo ha sido para Isobel. Queriendo ayudar a salir de la miseria a un viejo amigo de Carson (auguro una trama interesante entre estos dos), consigue que el espíritu compasivo de la madre de Matthew salga a la luz y la ayude a encontrar un nuevo sentido a su vida. ¡Bien por la señora Hudges y su entrometimiento! Si no hubiera leído la carta que Carson lanzó airadamente al suelo nada de eso habría sucedido.
El resto de tramas han pasado bastante desapercibidas. El capítulo se ha desarrollado durante San Valentín, y hemos visto como el lío amoroso entre los criados más jóvenes sigue más vivo que nunca. También hemos asistido a la llegada del primer electrodoméstico a Downton, una batidora que produce el más absoluto rechazo de la entrañable señora Patmore, que teme que dicho artilugio la convierta en alguien prescindible.
También hemos seguido los pasos del pobre Moseley, que se ha quedado en paro después de la muerte de Matthew, y sus intentos por volver a trabajar cuanto antes. Muy graciosa la escena en la que en la comida que la Condesa Viuda organizó para que una amiga viese cómo Moseley se desenvolvía como ayudante de cámara, éste se ve boicoteado por el otro criado de la casa, temeroso también de perder su empleo.
Por su parte, la pareja formada por Anna y Bates ha pasado sin pena ni gloria por el capítulo, su trama es de las menos interesantes a día de hoy y me pregunto qué planes tienen para ellos los guionistas, después del protagonismo del que gozaron en las anteriores temporadas. Por el momento, nos contentamos con verles felices, después de todo lo que tuvieron que sufrir en el pasado.
Por último tenemos a Rose, la sobrina problemática, que por el momento no atrae demasiado nuestra atención, y que tendrán que esforzarse bastante para que consiga encandilarnos. Espero que tengan preparado algo grande para ella, y nos regale muchos buenos momentos.
Destacar también que se ha echado de menos la sintonía inicial de la serie, imagino que ésta vez han querido situarnos en la tristeza del ambiente mediante una intro mucho más oscura y dramática, y que a partir de la semana que viene volveremos a ver la colita del Labrador de Robert Grantham moviéndose alegremente de camino a Downton.
La espera ha sido larga, y más teniendo en cuenta cómo acabó el episodio especial de Navidad. Las luces de la mansión vuelven a brillar en los amplios salones, la cocina vuelve a estar a pleno rendimiento, regresan las largas charlas tomando tazas de té y los cuchicheos en los rincones más inesperados. Downton Abbey vuelve a abrir sus puertas, y ahora ya solo queda sentarse y disfrutar de ese encantador culebrón que nos tiene robado el corazón.





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