La cancelación de una serie nunca es una buena noticia. Es evidente que el mundo de la televisión es un negocio, y que por lo tanto tiene que ser rentable. Sin embargo, hay casos en los que duele especialmente, pues estamos hablando de buenos productos que, por una razón u otra, no consiguieron el favor necesario del público para su continuidad.
Vamos a hablar de tres de esas series que nunca debieron haber sido canceladas:
The Hour: periodismo en estado puro
Ya hablamos hace unos días de The Hour en un post sobre series que tienen como temática central el mundo de la televisión. Y ya entonces mencionamos que fue una pena que una serie tan estupenda como THe Hour fuera cancelada tras su segunda temporada.Y es que, sin duda, merecía un trato mejor.
The Hour nos traslada a un estudio de televisión británico de los años 50. Allí nos encontramos con un puñado de periodistas que intentan lograr que su programa de noticias nocturno sea un éxito de la cadena. En este contexto, nos encontramos inmersos en un mundo donde el tabaco, las intrigas y las verdades a medias están a la orden del día.
De entre los protagonistas de The Hour destacan Freddie Lyon y Bel Rowley, dos personajes que mantienen una relación extraña, intensa, que va más allá de la amistad pero que no acaba de llegar a algo más. Se admiran, se quieren, se protegen, y, en ocasiones, se diría que se desean, y es precisamente lo ambiguo de su relación lo que hace que ambos sean uno de los motivos para seguir la serie.
Les acompaña un gran elenco de actores que hacen las delicias del espectador, otorgando a la serie un nivel interpretativo digno de mención.
El pequeño informativo en el que trabajan nuestros protagonistas será mirado con lupa por el gobierno británico, preocupado por el trato que dan a la situación política del momento, enfocado en la crisis de Suez entre Gran Bretaña y Egipto en la primera temporada y en el conflicto nuclear en la segunda. Además, existen tramas paralelas en forma de crímenes sin resolver en las que nuestros protagonistas se verán inmersos y que les traerán impensables consecuencias.
Una serie con el inconfundible sello británico que garantiza un producto de calidad y que promete grandes momentos frente a la pantalla. No os la podéis perder.
Swingtown: el amor en todas sus variantes
Swingtown vio la luz en 2008, y concluyó después de su primera y única temporada.
La acción se sitúa a principios del verano de 1976, cuando el matrimonio Miller (Susan y Bruce) se muda a un barrio nuevo para vivir en una casa más grande junto a sus dos hijos.
Este será el punto de partida para una nueva vida que está a punto de empezar para la pareja cuando conozcan a los Decker (Tom y Trina), una pareja sin cargas familiares que mantiene una relación abierta. Es entonces cuando Susan y Bruce redescubren su relación y sus necesidades como pareja, y comienzan a explorar nuevas posibilidades.
A las dos parejas se unen los Thomson (Roger y Janet), los antiguos vecinos de Susan y Bruce, que ven con cierto temor como sus amigos están abandonando antiguos hábitos para experimentar nuevas vivencias sexuales y emocionales.
Las tres parejas entablaran una amistad un tanto peculiar, en la que unos aprenderán de los otros, y se redescubrirán así a sí mismos, no sin pasar por pequeñas crisis y conflictos inevitables por la inusual situación.
Todo ello en la America de finales de los 70, donde las fiestas de “swingers”, la coca, la marihuana y las pastillas forman parte del día a día de las clases pudientes de la sociedad.
Una serie muy recomendable que da mucho más de lo que parece a priori, resultando ser un auténtico retrato de los distintos tipos de parejas que existen y el frágil hilo del que penden las relaciones amorosas.
La CBS decidió cancelarla tras una única temporada, lo que dejó algunas tramas abiertas y a sus seguidores con muchas ganas de más. Una auténtica pena.
Hit & Miss: buscando un lugar en el mundo
Hit & Miss es otra obra maestra británica, una auténtica joya que se vio injustamente cancelada tras solo una temporada en antena.
La historia trata sobre la vida de Mia (Chloë Sevigny), una transexual que nació hombre y que se gana la vida como asesina a sueldo para poder pagarse la operación que le permitirá ser una mujer completa. La serie comienza cuando Mia descubre que tiene que hacerse cargo de los hijos de su antigua ex-pareja, que ha fallecido.
La serie es absolutamente fantástica, con una fotografía maravillosa, casi cinematográfica, ambientada en la Inglaterra rural. Todos y cada uno de los personajes están perfectamente construidos, y vale la pena hacer mención especial a los niños y adolescentes que llegan a la vida de Mia de manera tan inesperada. Grande Chloë Sevigny, que borda un personaje complejo lleno de matices y grandes también Karla Crome y Vincent Regan, que, sin duda, demuestran grandes dotes interpretativas en una serie que no es fácil.
Los personajes son inadaptados sociales, no encajan en el mundo que les ha tocado vivir, y tienen que hacer frente, como buenamente pueden, a situaciones que les han venido impuestas y para las que no estaban reparados. Sin embargo, es la unión entre ellos la que les hace fuertes, la que dota de sentido a sus vidas. Asistimos maravillados a la evolución de su relación como familia y somos testigos de sus dudas, temores y necesidades, ansiando verles felices.
Es una serie, lenta, pausada, que se detiene en la importancia de los pequeños detalles, que deja entrever, que no se resuelve fácilmente, y que mantiene una tensión que no desaparece a lo largo de os seis capítulos, recordándonos que cualquier cosa puede pasar en cualquier momento.
Un producto televisivo que nadie debería perderse y que merece ser disfrutado como se merece: con calma, con todos los sentidos, y dejándose llevar.










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