jueves, 16 de enero de 2014

¿Por qué nos gusta Girls?


Esta semana se estrenó la tercera temporada de Girls, la serie de HBO que llegó a nuestras vidas hace un par de años y que ha ido sumando adeptos a lo largo de sus 22 capítulos emitidos. Al principio se la etiquetó como "la nueva Sex and the City", pero Lena Dunham (protagonista y directora de la serie) pronto demostró que con la serie de Carrie sólo tenían en común la ciudad de Nueva York.

En este post, os queremos hablar de los motivos por los que Girls es una serie que cada día me gusta más.



Chicas reales


Las protagonistas de Girls no son perfectas. Para nada. No visten ropa carísima (por lo menos no todas), no van perfectamente peinadas, ni tienen un comportamiento ejemplar. Más bien todo lo contrario. Su aspecto es de lo más normal, visten igual que cualquiera de nosotras y también se comportan como lo haría cualquier chica de su edad. Es agradable ver como a la hora de dormir están despeinadas como la mayoría de las mortales, como cuando están con la regla no tienen ganas de moverse del sofá, o como practican sexo sin depilarse.

Como la vida misma


Y es que en Girls, a menudo, sentimos un cierto pudor. Pudor por el realismo de las tramas y la manera en la que están rodadas, sin artificios ni adornos. La realidad se nos presenta con toda su fealdad y vulgaridad, ya que la intención de la serie no es edulcorar la vida, si no todo lo contrario. Resulta incómodo contemplar a los protagonistas en su intimidad, aunque también es sumamente atractivo y adictivo.

Diálogos realistas


Una de las cosas que más me molesta cuando veo una serie es notar que los personajes hablan de manera irreal. La gente normal, cuando le dice a alguien que está enamorado, no lo hace soltando larguísimos discursos perfectamente estructurados y con palabras rimbombantes. En Girls hay balbuceos, tartamudeos, frases inacabadas, diálogos que se entremezclan, voces roncas y susurros. También hay insultos, malas contestaciones y, por supuesto, momentos sentimentales. Todo ello de una manera tan sincera, sin la más mínima pretensión de que "todo sea bonito", que resulta maravillosamente cercano.

Hannah y Adam


La relación amorosa de Hannah y Adam es una de las más bonitas de la televisión actual. Por lo menos a mi me lo parece. Parte de una sincera amistad, es sincera, espontánea y natural, y se basa en un amor real y creíble. Ambos se conocen, se dicen las cosas a la cara, y se relacionan de la misma manera que lo hacemos el resto de mortales. Adam va siempre semidesnudo por la casa, Hannah no se preocupa demasiado por su aspecto, no comparten la mayoría de opiniones y funcionan muy bien en la cama. Los guionistas no nos aburren con los típicos problemas amorosos que vemos en la mayoría de series que tratan este tema, si no que nos muestran su día a día como algo natural e incluso irrelevante. Algo que sucede, sin más.

La amistad


Las cuatro protagonistas de Girls se alejan bastante del estereotipo de amigas que vemos en otras series parecidas. En primer lugar, no lo hacen todo juntas. No desayunan todos los días en una cafetería de moda, no salen a pasear en manada, ni se cuentan absolutamente todo. A cada una de ellas les une algo distinto, y no necesariamente lo comparten con las demás. Y cuando se pelean, se pelean de verdad. Las reconciliaciones no son idílicas. A veces, incluso se portan mal las unas con las otras. Se critican, se ríen de ellas mismas, y se apoyan, aunque no incondicionalmente. Lo bonito es que, al final, siempre están ahí las unas para las otras. Y no hace falta decirlo, ni son necesarios discursitos lacrimógenos.

Girls es una de esas series que, al principio, no sabes cómo tomártela. No sabes si es de risa, si es un drama, si hay que tomarse en serio todo lo que se ve o si simplemente es una ida de olla de una chica tremendamente egocéntrica. Pero, si le das una oportunidad, te encuentras ante una de las series más profundas y honestas del panorama actual. Una serie que engancha, y que no necesita ser más de lo que ya es. Como la vida misma.

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