viernes, 21 de marzo de 2014

Sin prisa pero sin pausa: un equilibrio que no siempre es fácil de conseguir


La manera de contar las cosas en una serie es muy importante. Personalmente me gustan las tramas que duran varios capítulos (incluso temporadas enteras), pues opino que el desarrollo de las mismas es mucho más elaborado. Es el caso de la historia de amor entre Will y Alicia en The Good Wife, que se nos presenta en pequeñas dosis y evoluciona lentamente a través de pequeños gestos, conversaciones y miradas. Eso hace que escenas como la que os muestro a continuación sean tan efectivas y memorables:



Otra serie que no tiene prisa en resolver tramas es Parenthood. Normalmente suelen dedicar temporadas enteras a los distintos problemas de los miembros de la familia Braverman, como es el caso de la enfermedad de Kristina en la cuarta temporada, o los problemas matrimoniales de Joel y Júlia, que vienen gestándose desde la temporada anterior y han tenido su clímax en esta quinta entrega de la serie. En Parenthood, además, todo lo que pasa tiene consecuencias, y no es raro que aún veamos los efectos de decisiones tomadas en el pasado por parte de algún miembro de la familia. Personalmente, me gusta que sea así, pues todo se hace más realista. 

En cambio, existen otras series que parece que tienen mucha prisa en resolver las tramas. Es el caso de Nashville o Once Upon a Time. 

En la primera vemos tantas idas y venidas de los protagonistas en un solo episodio que no es raro acabar con la cabeza como un bombo. Las relaciones amorosas no duran dos telediarios, y ni siquiera necesitan tiempo para recuperarse, personajes como Scarlett, Gunnar o la propia Rayna pasan de una relación a otra sin pestañear. Por no hablar del aspecto musical. Todos los protagonistas de la serie (o casi todos) están vinculados de una manera u otra con el mundo de la música. Fácilmente pueden pasar de estar sin tocar a firmar un contracto con una gran discográfica, para luego cansarse e iniciar una gira con cualquiera de las dos protagonistas, Rayna o Juliette. El caso es que nunca pasan un día entero en el paro o sin un proyecto importantísimo a la vista.

En Once Upon a Time las cosas empezaron a precipitarse a partir de la primera temporada. A la Salvadora del mundo de los cuentos, Emma Swang, le costó una temporada entera creer lo que su hijo intentaba decirle y darse cuenta de quién eran realmente los habitantes de Storybrooke. En esta tercera temporada la midseason terminaba con Emma y Henry de vuelta al mundo real sin recuerdos sobre nada de lo acontecido en el pasado, pero bastó un sólo episodio para que la detective creyera a Hook y se bebiera una poción mágica que le devolvió la memoria en un instante. Este es sólo un ejemplo de los muchos que podría poner, como la rapidez con la que saltan unos y otros a través de los distintos mundos o lo poco que tardaron Eric y Ariel en reconocerse y lanzarse uno en brazos del otro después de años separados y apenas haber intercambiado unas palabras. 


Series como las mencionadas al inicio del post o otras ya terminadas como Friday Night Lights, son una muestra perfecta de cómo la lentitud bien llevada permite saborear todos los detalles y empatizar fácilmente con los protagonistas. Sin embargo, no todas las series saben aprovechar bien este recurso. El ejemplo más claro es The Walking Dead, que no consigue llegar a los espectadores por culpa de capítulos tediosos e insustanciales como la mayoría de los de la segunda temporada, cuando la serie pasó a llamarse "The Talking Farm". Diálogos sin contenido protagonizados por personajes a los que apenas ahora estamos empezando a conocer (y ya han pasado cuatro temporadas) han echo saltar las alarmas en demasiadas ocasiones, pero a los guionistas parece que les cuesta mucho corregir el rumbo. 


En definitiva, considero que tomarse un tiempo para resolver las tramas es algo vital para cualquier serie. Si no se hace, es difícil que nos emocionemos como lo hicimos viendo a Walter White acariciando el bidón con la mano ensangrentada segundos antes de morir, o viendo a Max Braverman dando un discurso en el instituto, o entender como lo hicimos a Meredith cuando vimos a Addison Montgomery presentándose como la mujer de Dereck. Si no se nos da tiempo a conocer a los personajes, a comprender sus intenciones, a sufrir con ellos, nos perdemos lo más importante de cualquier serie: la emoción.

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