La vanidad. La soberbia. La mentira. La soledad. Mad Men nos habla de todo esto, y mucho más. Este domingo se acabaron los siete capítulos que forman la primera parte de su última temporada, y nos han dejado con un sentimiento agridulce, una sonrisa contenida, una lágrima asomando tímidamente.
Se despidió tal y como regresó hace siete semanas: con calma, repleta de miradas que lo dicen todo y silencios que se clavan en lo más profundo. Acompañamos a Don en su último viaje antes de dejarlo partir solo, allá donde nosotros no podemos seguirle. Y lo dejamos más solo que nunca, alejado de su (ex) mujer, de sus hijos, de uno de sus mentores. Son muchas las personas que Don ha ido perdiendo a lo largo de estos siete años, pero sin duda ahora las ausencias se hacen notar como nunca.Se trata de un momento de inflexión que invita a una reflexión profunda, tal y como nos muestra la excelente escena final de Bert Cooper bailando al ritmo de una canción que dice que "la luna pertenece a todos y que las mejores cosas de la vida son gratis". Esta alucinación de Don tras la muerte de Bert nos indica que algo en su mente ha cambiado para siempre.
Peggy, la persistente Peggy, que ha sacrificado (al más puro estilo Don) su vida personal para ascender profesionalmente desde lo más bajo, ejemplifica a la perfección esa sólida soledad del corredor de fondo. La enternecedora escena en la que su pequeño vecino le dice que se va del edificio nos muestran a una mujer más sola que nunca, tan necesitada de cariño que todo su mundo se viene a bajo cuando descubre que la única compañía que tuvo en los últimos tiempos se va de su lado. Sin embargo, queda claro que Olson ya no se va a echar atrás, ha conseguido hacer su primera presentación sola, al más puro estilo Draper, mostrando tanto a su mentor como a sus compañeros de trabajo un primer atisbo del prometedor futuro que le espera.
Soledad también la de Megan, que finalmente deja marchar a Don en una escena de despedida tan triste como corta, demostrando que en esta relación ya no queda nada más que decir. Megan ha sido una buena esposa, una buena amiga y una buena amante para el publicista, pero finalmente las palabras de Betty en su breve encuentro extra-matrimonial con Don ("Pobre Megan, no sabe que amarte es la peor forma de llegar a ti") se hacen realidad.
En esta finale hemos visto también a la familia Francis, con una Sally cada vez más cínica, solitaria y decepcionada con la vida, mostrando ya indicios de la mujer en la que se va a convertir. Los hijos de Betty y Don son queridos, pero se puede decir que, a la vez, están muy, muy solos.
En definitiva, un final marcado por la muerte de Bert, la ruptura del matrimonio de Don y Megan, el golpe en la mesa de Roger (que finalmente ha tomado las riendas de la Agencia para evitar que uno a uno todos sigan los pasos de Don y acaben despedidos), el ascenso de Peggy y la revelación de Don, en una escena final inolvidable.
Ahora toca esperar muchos (demasiados) meses para encarar la recta final de la serie. Nos quedan 7 capítulos por delante para acompañar a Don en su camino hacia la redención y despedirnos de una de las mejores ficciones de los últimos tiempos. Hasta entonces, recordad: La luna pertenece a todos.



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