viernes, 4 de octubre de 2013
Review How I Met your Mother: Last time in New York
"Last Time in New York". Esa ciudad, mágica ciudad, que tanto significa para Ted. Porque ahí es donde está "Empy" (momentazo del capítulo), donde está su bar favorito, donde viven sus amigos, y donde han crecido sus sueños. Pero el Ted de ahora ya no quiere soñar más, sólo quiere marcharse, alejarse de todo lo que le recuerda, día tras día, que aún no ha encontrado el amor. ¿Acompañamos a Ted en ese particular adiós a la ciudad de su vida?
Estamos a 52 horas de la boda de Barney y Robin, y los primeros invitados están empezando a llegar. En éste caso, se trata de los más ancianos de la familia, presentados como una especie de muertos vivientes al más puro estilo The Walking Dead. Un recurso algo trillado, pero que nos ha dado momentos muy graciosos como el "sacrificio" de James entregándose a ellos para que Bareny y Robin tengan su momento de pasión. Y es que la pareja tiene uno de esos miedos absurdos que a veces salen a la luz en toda relación: ¿Seguirán siendo tan fogosos como ahora cuando tengan más de ochenta años? Una trama un tanto flojita, para qué negarlo, pero que ha aportado algún que otro momento divertido.
Ted, por su parte, está evitando a Barney. No sabe como decirle a él y a Robin que se marcha a vivir a Chicago, y va posponiendo el momento evitando encontrarse con ellos. Especialmente con Barney. Y es que tiene pendiente con él una botella de Wisky a medias, un Wisky único y muy especial que resulta ser el protagonista de una de las tramas más divertidas del capítulo. How I Met se crece cuando enlaza momentos del pasado dando respuestas de lo más ingeniosas a los dilemas presentes. Descubrir que el contenido de la botella no es Wisky si no una repulsiva mezcla de jabón, ketchup y chocolate porqué la auténtica botella se rompió por culpa de una pelea de esgrima entre Lily y Robin no tiene desperdicio, de la misma manera que es divertidísimo ver a Ted y a Marshall "picarse" antes de lanzarse a librar su propia batalla de espadas y acabar con el vestido que Lily quería usar en la boda totalmente inutilizable.
Quizás lo más destacable del capítulo sea precisamente ésta charla esclarecedora entre Lily y Ted, llena de confesiones y con sermón de la pelirroja incluido, y que consigue llegarnos al corazón. Ted no sólo se está despidiendo de las cosas malas, si no también de las buenas, y parece no darse cuenta de que éstas siempre estarán ahí para cuando las necesite. Muy emotivo y grande esa Lily que tanto quiere a su amigo y que tanto hace por él, aunque a veces más bien le boicotee.
Marshall sigue de camino, y la verdad es que espero que llegue pronto a su destino, porque su trama me parece de lo más sosa. Es una pena desaprovechar un personaje como el suyo, y sobretodo mantenerlo alejado de la pandilla. Espero que no esperen demasiado y él y Marvin se reúna con pronto con ellos.
Totalmente inesperado ha sido ese final del capítulo, cuando Ted decide por fin ir en busca de Barney y éste le espeta un gélido "Sé lo que pasó en el carrusel". La botella de Wisky queda rota en pedazos y el rostro de Ted es la viva imagen de la culpabilidad. No entiendo muy bien qué es lo que Barney pudo ver para estar tan enfadado, y tampoco entendería muy bien que Robin le hubiera contado todo el asunto del collar, así que tendremos que esperar al siguiente capítulo para resolver el misterio.
En definitiva, un capítulo bastante más flojo que los anteriores, aunque se entiende que las tramas tienen que ir asentándose y que no es fácil hacer que una temporada entera se desarrollo a lo largo de un único fin de semana. Confío en que los guionistas de una serie que una vez fue ENORME sepan darle la gran última temporada que se merece.
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