Las series centradas en tramas políticas suelen traernos grandes personajes protagonistas, buenas dosis de intrigas y conspiraciones y argumentos actuales e interesantes. Son densas, a veces complicadas, pero suelen ofrecernos grandes resultados.
Sin duda, cuando hablamos de series sobre esta temática la primera que nos viene a la mente es The West Wing of the White House, y es que es la serie política por excelencia. Sin embargo, posteriormente han aparecido muchas grandes series políticas que pueden considerarse dignas sucesoras de la obra de Aaron Sorkin.
Por ello, hoy os queremos presentar tres series sobre esta temática que seguro que os encantarán. Tras el salto, hablamos un poco de ellas.
House of Cards
Podría decirse que fue uno de los mejores estrenos de 2013. No en vano se llevó nueve nominaciones a los premios Emmy de este año, incluidas Mejor serie dramática, Mejor actor en una serie dramática (Kevin Spacey), Mejor actriz en serie dramática (Robin Wright) y Mejor dirección en una serie dramática (David Ficher).
Protagonizada por el gran Kevin Spacey en el papel de Francis “Frank” J. Underwood, la serie es una adaptación de la mini-serie británica del mismo nombre basada en una novela de Lord Dobbs.
La serie sigue a Frank Underwood, un Congresista Demócrata que descubre que el recién electo Presidente de los Estados Unidos Garret Walker ha decidido no nombrarlo Secretario de Estado a pesar de habérselo prometido. A partir de ahí, la serie se centra en la estrategia de venganza que Frank elabora contra Walker con la ayuda de su esposa Claire.
Una serie con buenísimos actores y tramas algo complejas pero sumamente interesantes, que te mantendrá pegado a la pantalla a lo largo de los 13 episodios que forman su primera temporada. En estos momentos se está rodando la siguiente temporada, que fue anunciada antes del estreno de la serie.
Boss
Boss se estrenó en 2011, y se convirtió rápidamente en una de mis favoritas de ese año. Personajes muy atractivos, un protagonista de alto nivel, una fotografía impecable y una trama tremendamente interesante hacen que estemos ante una serie totalmente indispensable.
El protagonista principal de la serie es el alcalde de Chicago Tom Kane (interpretado por Kelsey Grammer), un hombre implacable que no duda en utilizar el engaño y la traición para conseguir seguir en su puesto. A pesar de su cuestionada moralidad, el alcalde goza con el favor del pueblo gracias a su gran eficacia en resolver problemas.
Sin embargo, todo esto se viene a bajo cuando Kane descubre que sufre un desorden cerebral degenerativo que puede poner en riesgo su puesto en la alcaldía. Tom decide mantener su enfermedad en secreto, aunque pronto verá como no es tan fácil ocultarla cuando los síntomas se hacen cada vez más evidentes.
La serie fue cancelada tras su segunda temporada a pesar de su incuestionable calidad. No estamos ante una serie fácil, hay que prestarle atención y a veces puede resultar complicado seguir algunas tramas. A pesar de ello, os puedo asegurar que, si le dais una oportunidad, no os defraudará.
Secret State
Estamos ante un drama británico inspirado en la novela de Chris Mullin “A Very British Coup”, y ante una de las mejores series políticas del año 2012.
Es una mini-serie corta (solo cuenta con 4 capítulos), pero la acción se desarrolla perfectamente a lo largo de los 180 minutos que dura, llevándonos a través de los oscuros caminos de la conspiración política.
Todo empieza cuando el viceprimer ministro Tom Dawkins (Gabriel Byrne) tiene que hacerse cargo del gobierno después de que el Primer Ministro muera en un accidente de avión sobre el Atlántico. Paralelamente, una refinería acaba de explotar en un pueblo inglés, cobrándose la vida de 19 personas e hiriendo a 94.
A partir de este momento Dawkins se encuentra inmerso en un desagradable escenario en el que gobiernos, multinacionales y bancos mueven sus fichas para proteger sus intereses.
Sin duda, un thriller político que vale mucho la pena ver, con un personaje central enorme, una trama intrigante y muy bien llevada y por la que vale la pena dejarse sorprender.







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