miércoles, 30 de abril de 2014

Mad Men se degusta poco a poco


Tres semanas. Tres capítulos. Un conjunto perfecto. Así es Mad Men, una serie que se cuece a fuego lento y que hay que degustar sin prisas. Las tres primeras entregas de la primera parte de la última temporada de la serie son una maravilla y nos sitúan en el lugar idóneo para empezar a despedirnos de ella.


Don ha estado viviendo en una mentira durante diez meses, después de que sus compañeros de agencia le invitaran a alejarse por un tiempo. Con Megan viviendo en Los Ángeles intentando ganarse un lugar como actriz, Draper ha estado trabajando en la sombra, intentando evitar hundirse del todo, ocultando su situación a sus seres queridos por miedo a enfrentarse a su juicio. Con ello no ha logrado más que distanciarse definitivamente de su mujer, que, tras descubrir la verdad, parece bastante decidida a separarse de él.


Y es que Don es, como muy bien sabemos, es prácticamente incapaz de mantener a flote una relación, sea del tipo que sea. Lo vimos con Betty, a la que fue infiel repetidamente hasta que su matrimonio se rompió definitivamente, lo vemos con sus hijos, para los que es un nulo ejemplo, y lo vemos con Megan, posiblemente la mujer que más lo ha querido nunca. Por supuesto, igual de nefasta es su relación con sus compañeros de trabajo. En el grandioso 7x03 hemos podido ver lo incómodos que se sentían todos ante la presencia de Don en la agencia, después de que Roger le invitara a volver harto de la situación a la que la actitud de su socio le había arrastrado. Genial cada cruce de miradas, cada palabra cargada de dobles intenciones, y genial la actitud de Don, decidido a recuperar las riendas de su vida y volver al lugar del que nunca debió haber salido. Incluso si es a costa de dejarse doblegar frente a la voluntad de los demás.

En los tres episodios emitidos hasta ahora, se respira ya el ambiente a última temporada. Vemos a los personajes enfrentados a sus miedos de frente, evidenciando que ha llegado el momento de enmendar errores. Una prueba de ello es Betty, a quién ya extrañábamos, y que en el capítulo 3 mostraba sus dudas como madre, siendo plenamente consciente de lo poco afectuosa que es con sus tres hijos. Podríamos decir que a Sally ya la ha perdido, y vemos como su temor es que sus dos hijos pequeños empiecen a despreciarla tarde o temprano. Fascinante Betty Francis, un personaje imprescindible en una serie como Mad Men.


Me alegro de volver a ver a Don en acción, haciendo lo que mejor sabe hacer: su trabajo. Tengo ganas de verle en futuros enfrentamientos con la amargada Peggy, quién ya ha demostrado que no se alegra nada de tenerle de vuelta. Lo único que deseo es que permitan evolucionar al personaje, que no vuelvan a convertirlo en un mujeriego incontrolable, y que sigan la dirección que han estado tomando en las últimas temporadas. Cuando le digamos adiós, me gustaría ver a un Don Draper distinto al seductor que conocimos en la primera temporada, pues creo que un gran personaje como él lo merece. Veremos lo que le depara el futuro. Mientras tanto, seguiremos disfrutando del viaje.

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