martes, 8 de julio de 2014

Gran segunda temporada de Orange Is The New Black


Grande, enorme, la segunda temporada de Orange Is The New Black. Piper Chapman ha vuelto por todo lo alto después de una primera serie de 13 capítulos que dejó el listón muy alto.

En esta temporada, el primer cambio sustancial es la propia protagonista. Piper ya no es aquella muchacha que entró atemorizada, como un pulpo en un garaje, sintiéndose ajena a todo lo que implicaba el mundo de la cárcel. Aprendió a las malas que una vez se cruza el umbral y se entra en aquél recinto la transformación interna es inevitable. La adaptación así lo requiere, el mundo de puertas para adentro es otra cosa, por lo menos para ella.

Y digo eso porque en esta temporada ha quedado patente que para muchas reclusas la cárcel no es más que una extensión de su propia vida en el exterior. Las que eran traficantes fuera lo siguen siendo dentro, las que eran violentas no dejan de serlo, y así un largo etcétera. Y tiene su lógica. Orange Is The New Black ahonda en las carencias de un sistema penitenciario incapaz de asegurar a sus reclusas las mínimas condiciones higiénicas y la seguridad de salir ilesas de su estancia en la cárcel.


Desfalcos, corrupción, negligencia, son algunos de los temas en los que la serie ha puesto hincapié a lo largo de esta temporada, incluyendo tramas tan interesantes como la huelga de hambre llevada a cabo por algunas reclusas, el interés de la prensa por las irregularidades de la administración o la breve existencia de un periódico llevado por Piper y algunas compañeras.

En la cárcel entran productos de cosmética y chucherías con los que comprar amistades y forjar alianzas, pero también drogas, que ponen en peligro la vida de las reclusas que entraron como adictas y que, como cualquier ex-drogadicto, deben mantenerse alejadas de aquello que las puede hacer regresar a los infiernos.

Se habla también del pasado, ese elemento determinante para todas y cada una de las protagonistas, y que nos ayudan a comprender qué hicieron para terminar privadas de su libertad. Especialmente emotivos los casos de la adorable Lorna Morello, quién hemos descubierto que en realidad era una acosadora que se imaginó una relación con su supuesto prometido, y Miss Rosa, la reclusa enferma de cáncer que en el pasado sentía auténtica pasión por robar bancos.  También hemos descubierto cuál era la vida de Poussé antes de ser encarcelada, así como la relación de Taystee con su "madre adoptiva", Vee, quién la metió en el negocio de la droga y que en esta temporada ha vuelto a entrar en prisión para poner todo patas arriba.


Precisamente Vee ha sido uno de los grandes aciertos de la temporada, siendo un personaje que, en ocasiones, ha conseguido ponerme los pelos de punta con su habilidad por manipular y ejercer el mal en busca de su propio beneficio. Además de propiciar un enfrentamiento más que palpable entre los distintos clanes raciales ya existentes, la hemos visto manipular a su antojo a Suzanne, (alias Crazy Eyes), para convertirla en su esclava particular.

La entrada de Vee en la cárcel nos ha servido también para conocer un poco más a Red, pues ambas se conocieron en el pasado, compartiendo un tiempo juntas entre rejas. En esta temporada, Red se ha unido a las más ancianas del lugar y ha vuelto a liderar un negocio de contrabando gracias a un antiguo invernadero que le ha servido de tapadera, pero también la hemos visto más vulnerable que nunca y, para qué negarlo, mayor.


Otra de las incorporaciones de la temporada ha sido la de Soso, una joven activista de profundos ideales que ve como tras entrar en la cárcel todo cambia para ella. Ha resultado ser un personaje cómico que, a su vez, nos hace sentir ternura por su inocencia y por su incapacidad por integrarse en el nuevo ambiente en el que está forzada a vivir. Soso nos hace recordar a la propia Piper cuando entró en la cárcel por primera vez, y tal vez es por eso que la propia Chapman siente un cierto rechazo hacia ella.

La temporada también ha tenido tiempo para hablarnos de las vivencias de los guardias de la cárcel, y aunque probablemente la que más minutos se ha llevado ha sido la de John y Dayanara, también hemos podido ver a Caputo luchando contra Fig y sus tejemanejes, a Pornstache regresar por un breve periodo de tiempo (y en todo su esplendor, su entrada fue sencillamente magistral), y a la joven e inocente Susan, que termina despedida por el despechado Caputo. Como muy bien le dice Nicky, ella no pertenece a ese lugar, es demasiado buena y se implica demasiado como para sobrevivir en la cárcel.

Me ha gustado también la extraña relación entre Sam Healy y Pennsatucky, quienes se han unido por sus propios problemas para lidiar con la violencia y la agresividad. Una relación que ha beneficiado, sobretodo, a Tiffany, a la que hemos visto olvidarse por fin de sus diferencias con Piper y abrirse un poco más al mundo. Para enmarcar la conversación que mantiene con Boo acerca del supuesto plan de las lesbianas para conquistar el mundo.


En la temporada pasada habíamos dejado a Piper golpeando a Pennsatucky completamente fuera de sí, y precisamente el primer capítulo de esta segunda temporada se centró en acompañarla en las horas posteriores al acontecimiento que ha marcado un antes y un después en la vida de la protagonista. Brillante la manera en la que los guionistas nos han permitido compartir la angustia y confusión de Piper al meterla en un avión con destino desconocido y verla llegar a una cárcel en Chicago compartiendo celda con extrañas que la obligan a cazar cucarachas y se interesan por su carta astral. Finalmente, descubrimos que Chapman está allí para participar en un juicio contra Kubra, el hombre al mando de los negocios sucios por los que ella y Alex terminaron entre rejas. Durante este juicio se perpetra la enésima traición por parte de la atractiva ex-novia de Piper, y tiene como resultado la liberación de Vause y el consecuente cabreo de la rubia.

Precisamente en el personaje de Alex encontramos otro interesante elemento de análisis. El echo de estar en la calle no la hace libre, si no que sigue siendo presa de su pasado y un blanco fácil para los esbirros de Kubra, quién finalmente se liberó de la cárcel y, evidentemente, va a por ella. Un recordatorio más de que las consecuencias de nuestros actos en el pasado nos persiguen el resto de nuestros días, para bien y para mal.

En esta temporada Piper ha disfrutado de  48 horas de permiso para visitar a su abuela moribunda, pero en uno de esos giros geniales de OITNB vimos como sólo llegó a tiempo para el funeral de la única mujer que la quiso de verdad. Funeral que terminó convirtiéndose en la boda del hermano de Piper, y que sirvió también para cerrar ¿definitivamente? la relación de Larry y Piper tras confesar él que se acostó con la mejor amiga de la rubia. Una traición difícil de asimilar que la hace sentir más sola que nunca y que da sentido a los acontecimientos del final, de los que hablaremos en seguida.


La amistad, el amor, la traición...todo tiene cabida en esta cárcel maravillosa que nos deja siempre con ganas de más. El capítulo que cierra la temporada no puede ser mejor, con la fuga de dos presas, (maravilloso ver a Rosa tomando las riendas de su vida durante los pocos meses que le quedan antes de que el cáncer la mate), con la muerte de la aterradora Vee,  con Caputo tomando las riendas de la prisión después de que las trampas de Fig quedaran al descubierto gracias a las investigaciones de Piper, con John confesando ser el padre del hijo de Dayanara después de una temporada llena de dudas y con Piper totalmente transformada y utilizando a Larry y a su nueva novia para volver a meter a Alex en la cárcel. Y es que para la nueva Chapman la idea de perder también a la que fue, sin duda, el gran amor de su vida es algo intolerable, y después de que ésta le confesara sus intenciones de irse del país para siempre la única opción para evitarlo era alertar a la policía de que estaba violando las condiciones de su libertad teniendo un arma en su casa.

La idea de que Alex vuelva a la Litchfield no sé si acaba de gustarme, pues lo cierto es que no la he echado de menos esta temporada (ha aparecido solamente en cuatro episodios) y no acabo de comprender su relación destructiva con Piper. Sin embargo, confío plenamente en los guionistas de esta serie, que ya se ha convertido en una imprescindible para cualquier amante de las buenas historias.

Nos queda un año por delante hasta la tercera temporada, que, como siempre, Netfix estrenará íntegra el mismo día, algo novedoso y que cada vez me gusta más, pues creo que se aprecia mejor el conjunto. Hasta entonces, nos queda recomendar encarecidamente que todos aquellos que no han visto la serie le den una oportunidad, porque no se van a arrepentir. ¡Qué bien le sienta el naranja al mundo de las series! :)

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